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SINIESTRO TOTAL O REPARACIÓN DEL VEHÍCULO

Tras un accidente de tráfico es habitual que la aseguradora determine que el vehículo ha resultado siniestro total argumentando que el valor venal del vehículo es superior al valor de reparación y que por tanto únicamente está obligada a indemnizar por la cuantía del valor venal.

Pero, ¿qué hay de cierto en eso? Puede la aseguradora negarse a pagar el importe de la reparación?

La ley guarda silencio sobre este aspecto, por lo que debemos acudir a la jurisprudencia para responder a estas cuestiones.

Para entender la jurisprudencia debemos partir de que la finalidad y el contenido de la obligación de «reparar el daño causado«, a que se refiere el artículo 1902 del Código Civil, es la de restaurar el patrimonio del perjudicado, de modo que éste resulte incólume a los efectos del acto imprudente, o lo que es lo mismo, se pretende que el perjudicado quede  en la misma situación que se encontraba antes del accidente.

La proyección de esa doctrina sobre la reparación de los daños materiales (entre los que se encuentran los daños en el vehículo), cuando el monto de la reparación supera al del valor venal del vehículo, exige tomar en consideración diversos elementos que con variable entidad pueden concurrir:

Por un lado, deberá tenerse en cuenta el valor real del objeto antes de que se produjera la acción imprudente, éste habrá de ser la referencia objetiva que determine el puro alcance crematístico del patrimonio del perjudicado.

En segundo lugar, el importe de reparación y su relación con el valor de la cosa, pues si aquél no fuera excesivamente superior, aunque resultara mayor, habría que optar por la reparación.

En tercer lugar, la incomodidad producida al perjudicado por la desposesión del uso útil del vehículo durante el tiempo necesario para su reparación o sustitución.

En cuarto lugar, el valor de afección que para el perjudicado tenía ese concreto objeto es decir, el “apego” o “ estima” que el perjudicado pudiera tener al vehículo

En quinto lugar, el hecho de si la reparación fue verdaderamente efectuada o no, pues si, aun siendo superior en exceso el importe de ésta, el gasto se hubiera realizado de buena fe por el perjudicado, no podría decirse que el desembolso hecho por él no tenía como causa el acto imprudente que dio lugar a aquella.

 La tesis dominante determina que cuando el propietario del vehículo ha procedido a su reparación antes de reclamar judicialmente el importe a indemnizar, será la «restitutio in integrum» como  norma general la rectora de su indemnización, aunque el coste del arreglo sea superior al valor venal del vehículo, no sólo porque el propietario es un simple sujeto pasivo de una situación que no ha provocado y que no le debe perjudicar, sino porque su daño no se identifica con el valor del vehículo en el momento del accidente, sino con el importe a que ascienda su reparación, que es la única que restablecerá la situación anterior, no pudiendo imponerse al perjudicado la obligación de aceptar su valor en venta o el de reposición.

No obstante esta tesis general tiene dos excepciones, que el valor de la reparación sea incluso superior a un vehículo nuevo o que la diferencia entre el coste de la reparación y el valor venal sea tan considerable que con el pago de aquella se incurra en abuso de derecho.

En definitiva, es posible que la aseguradora se niegue a pagar la reparación del vehículo bajo el pretexto de que el valor de reparación excede del valor venal del vehículo. No obstante, esto no siempre debe ser así, pues existen muchas posibilidades que la aseguradora se vea obligada a indemnizar por estos daños y que Ud. pueda ver reparado su vehículo y con ello se vea completamente resarcido por los daños que se le han ocasionado.

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